Edición mayo/jun 2013
El Desafío de las 200 Millones de Toneladas de Granos en el Brasil
Ivo Marcos Carraro | carraro@coodetec.com.br
En la edición de septiembre del 2002 de la revista SEED News, tuvimos la oportunidad de hacer una reflexión sobre el desafío de alcanzar en el Brasil a las 100 millones de toneladas de granos, cifra que fue superada ese mismo año.
A través de los registros, el país estaba en 1980 cerca de las 50 millones de toneladas de granos y veintidós años después, cerca de las 100 millones.
Al analizar más detenidamente esta evolución de la producción en los últimos diez años, vemos que llegamos cerca de las 160 millones de toneladas/año, y que la proyección de este crecimiento es típicamente exponencial, mostrando que si se sigue esta tendencia, deberíamos llegar a las 200 millones en 2019/20 (ver figura en el texto)
A pesar de que las proyecciones matemáticas son claras, estamos hablando de una actividad biológica con muchas interferencias que pueden cambiar la tendencia. Para pensar en el desafío de las 200 millones de toneladas, debemos antes analizar cuáles fueron los principales factores que determinaron que en apenas 10 años el aumento de la producción fuese de 60 millones de toneladas.
Observamos que en la última década, la superficie cultivada creció en un 27%, mientras que la producción aumentó en un 68%; sin embargo, hay una particularidad de estas cifras, y es que muestran una mayor eficiencia en el uso de las tierras agrícolas actualmente explotadas. Hace una década, el uso en dos campañas/año, en la misma superficie, era del 12,7% y en las dos últimas campañas fue del 16,8%, habiendo un real incremento en la década del 21% y no del 27%. Esta ampliación del uso del suelo con dos cultivos/año se debió, principalmente, al aumento del 108% del área de maíz de segunda cosecha.
La anticipación de la siembra de soya en las regiones que permiten la siembra de maíz de segunda cosecha fue un factor que contribuyó al aumento de la producción/superficie y la agregación de tecnología en esa época del cultivo. El lanzamiento de híbridos seleccionados para este ambiente puede ser considerado como el principal factor de crecimiento de la productividad, que fue del 88% en el período de 10 años. La anticipación de la siembra de soya contribuyó mucho con el aumento de la productividad por la reducción de siembras riesgosas después del mes de marzo. En esta década, la segunda campaña de maíz pasó a tener el estatus de campaña principal en varias regiones del país.
En ese mismo período, la soya también presentó un crecimiento importante de la superficie sembrada, que fue del 64%, permaneciendo estable por tres años en alrededor de 24 millones de hectáreas. La productividad creció en este período en un 16%, que equivalían a una ganancia anual del 1,6% (ver cuadro en el texto), sobre todo por la intensa sustitución de variedades en la mayoría de las regiones. Ni siquiera la ocurrencia de enfermedades como la roya asiática, pudo frenar ese crecimiento. Rápidamente se desarrollaron técnicas de manejo, fue implantado en los estados productores el vacío sanitario y comenzaron a aparecer variedades tolerantes. Además de fungicidas más eficientes, los agricultores empezaron a utilizar variedades de ciclo más corto y con menor densidad foliar.
El algodón, después de un período majestuoso de crecimiento de la productividad en la anterior década, volvió a sus niveles normales de aumento de productividad, también excelentes con un 41%, y tuvo su superficie incrementada en un 47% concentrándose en los estados de Mato Grosso y Bahía.
Para estos tres productos se dio un factor que fue fundamental para tal evolución. Además de los avances normales de las prácticas culturales relacionadas con la fertilidad de los suelos, la evolución de la maquinaria de siembra y cosecha y otros, la generación de nuevas y mejores variedades junto a la oficialización de la biotecnología en la agricultura, contribuyeron grandemente al aumento de la productividad. Se puede considerar que más del 80% del aumento de la productividad se debió a la adopción de semillas de alta calidad de variedades mejoradas, pues el sector agronómico tuvo su mayor importancia en la década de 1980.
Aunque ya existía un uso legal desde el año 1998 en el Brasil, la soya RR fue adoptada oficialmente en el 2005, así como el algodón Bt, seguidos por el maíz en 2007 con diversas versiones de eventos de tolerancia a insectos. Estas tecnologías crecieron rápidamente en su adopción por el agricultor, siendo uno de los principales factores de crecimiento de la producción vía la productividad, además de haber proporcionado otros beneficios indirectos, como la reducción del uso de productos químicos y haber hecho más eficientes los sistemas de producción para el agricultor. La entrada de estas tecnologías llevó al agricultor y a la asistencia técnica a un aumento de sus conocimientos adoptando mejores prácticas que exigen conocimientos más depurados. A medida que nuevos eventos transgénicos están siendo incorporados al sistema de producción, la productividad de los cultivos tiende a aumentar. Sin embargo, la complejidad de las interacciones entre ellos crecerá, exigiendo mayor preparación técnica para su adopción.
En términos de negocio, durante cierto tiempo, los mercados se dividieron entre materiales convencionales y genéticamente modificados (GM), existiendo aún cierta preferencia de algunos importadores por productos no GM. Sin embargo, en la medida en que los costos de segregación aumentaban, esos mercados tendían a disminuir, lo que se reflejó en la producción de granos del país.
En ese escenario, las empresas de semillas también tuvieron que modernizarse y experimentar nuevas formas de negociación y acción. En el mercado, los productos típicamente de comercialización abierta están pasando hacia la verticalización comercial, es decir, están generando y liberando variedades, así como produciendo y comercializando las semillas de sus propios programas de fitomejoramiento. Esta tendencia continuará aumentando en los próximos años y las empresas productoras de semillas tendrán que escoger bien a sus aliados. En el caso de la soya en el Brasil, la verticalización ya alcanza a más del 25% del negocio de semillas.
Los niveles de ilegalidad en semillas disminuyeron, aunque aún están altos y migran hacia regiones con propiedades de mayor tamaño y que usan alta tecnología para la contravención. Este fenómeno es muy característico del cultivo del algodón y también de la soya, lo que podría desestimular nuevas inversiones en la investigación. Lo que se espera de esta situación es el buen criterio de todos para encontrar un camino viable.
Los productos agrícolas cultivados en el Brasil (ver figura en el texto) con mayor superficie sembrada son la soya y el maíz, con el 48% y el 29% del total, respectivamente. Les siguen el frejol, el arroz y el trigo, con porcentajes que varían de 4 a 8%. Con la participación predominante de la soya y del maíz, que son productos con alta agregación de tecnología en los últimos años, dichos cultivos son los que tienen mayor influencia en el crecimiento de la producción total.
En el Brasil, la soya presenta una productividad promedio superior a muchos países con tradición en ese cultivo, y su crecimiento anual ha sido constante. Existen estudios indicando que los nuevos procesos biotecnológicos aplicados al mejoramiento genético de la soya y a nuevos eventos transgénicos entrando al mercado, - como la soya Intacta, liberada por la Monsanto y, más adelante, la Cultivance, desarrollada por la alianza entre Basf y Embrapa -, pueden extrapolar en los próximos años de forma significativa los niveles de productividad.
La productividad promedio del maíz, sin embargo, está muy por debajo de los promedios de los países líderes. Sin embargo, en la última década, la tasa de crecimiento de la productividad promedio del maíz en el Brasil fue del 4,6% anual, simplemente espectacular, considerando la gran distribución geográfica de este cultivo y la diversidad de tecnologías que aún son aplicadas. En apenas tres años, se aprobaron para uso comercial más de 21 eventos transgénicos en maíz, y la tecnología del cultivo mejora cada año de manera muy rápida, incluso entre pequeños agricultores y familias, levantando rápidamente los rendimientos promedio. La novedad ahora son los eventos piramidados, que proporcionan múltiples características agregadas en una sola semilla.
Todos los demás productos, aunque algunos hayan reducido su superficie sembrada en los últimos diez años, han crecido en productividad, destacándose el trigo, con un aumento del 6,4% anual, hecho alentador para el Brasil que importa prácticamente la mitad de sus necesidades de este grano. El arroz, cereal que cada brasileño consume más o menos 45 kg/año, tuvo un aumento de productividad del 2,0% anual en la última década, gracias principalmente a la introducción de nuevas variedades, incluyendo híbridos.
Se debe reconocer la capacidad creativa de la comunidad científica brasileña por la generación del frejol GM por Embrapa en conjunto con algunas universidades nacionales que contribuyeron en mucho al incremento de la productividad del frejol, que en la última década fue del 3,3% anual. El impacto en este cultivo será enorme, pues el frejol GM es resistente a una de las principales enfermedades, lo que además de su efecto económico, tiene también un efecto social, ya que es cultivado predominantemente por pequeños agricultores y teniendo un consumo de más de 16kg/año.
Estas son apenas algunas de las evidencias de que la agricultura brasileña está preparada para dar un gran salto cuantitativo en los próximos años. Resta saber si los demás sectores que interactúan con la producción van a la misma velocidad. Esta reflexión debe darse en el contexto de las políticas públicas de semillas y tecnología, que tanto han apoyado, esperando que continúen con la misma filosofía considerando que el agronegocio brasileño representa prácticamente el 25% de nuestro producto interno bruto y ha sido sistemáticamente, en los últimos años, el ancla de la balanza comercial del Brasil.
La meta de producir más con menos recursos para atender la creciente demanda de la sociedad por alimentos parece no ser difícil de ser alcanzada por el Brasil, en función de su historia de adopción de innovaciones tecnológicas y la disponibilidad de superficie para cultivos que aún puede ser agregada, sobre todo las áreas degradadas. La aprobación del Código Forestal traerá confianza al agricultor para invertir en su actividad y así, producir más. Como un gran actor en la producción de alimentos, el Brasil tendrá el reconocimiento de la comunidad internacional, principalmente de aquellos países que tiene dificultades de producir sus propios alimentos. La sostenibilidad de la agricultura pasa por la adopción de las innovaciones tecnológicas, y ello el Brasil reconoce con sus políticas públicas en materia de semillas.